28 de enero de 2009

La cadena (evolutiva) de los hechos

A Charles Darwin

Bos taurus

El toro se acerca. Huele los genitales de la vaca. Estira su cuello. Frunce el labio superior. El toro y la vaca se buscan con insistencia. Se vuelven a oler. Se golpean suavemente. Emiten bramidos, mugidos. El olor de la vaca produce una serie de cambios en la fisiología del toro. El miembro del toro se erecta. Monta a la vaca. Deja el esperma en el fondo de su vagina.


Homo sapiens


José se acerca. Huele los genitales de María. Estira su cuello. Frunce el labio superior. José y María se buscan con insistencia. Se vuelven a oler. Se golpean suavemente. Emiten quejidos. El olor de María produce cambios en la fisiología de José. El miembro de José se erecta. Monta a María. Deja el esperma en el fondo seco de su vagina.

Bos taurus

En cuatro patas está la vaca cuando el toro la embiste. De qué otra forma podría estar sino en cuatro patas y de espalda al toro. Huele a vaca en celo mientras mira con sus ojos caídos, ojerosos, llenos siempre de lagañas que no puede quitarse. En ese instante, como en todos los demás instantes, mira su mundo a través de las secreciones de sus ojos. A menudo lo logra también mientras una nube de moscas revolotea sobre su cabeza. La naturaleza lo quiso así y la vaca no la juzga. (Silencio.) La vaca mira los pastizales que se extienden hasta el infinito. Pero este animal nada sabe de contemplar paisajes, sólo mira. Desde lo lejos, cuando la montada termina, recibe muchas miradas complacientes, los dueños de su capacidad de reproducción la observan traspasando las lagañas que tampoco han podido limpiarse de sus ojos. Celebran pensando en el resultado de la montada. El toro ni se entera. La vaca menos. Los pastizales están mojados por el rocio de la mañana, los animales caminan sobre ellos y se dispersan. (Silencio.) El toro ha hecho su labor, la vaca la suya. Luego de 280 días un nuevo habitante de la tierra dice muuu. La vaca sintió dolor mientras el becerro le salía por la vagina, siempre que pare le duele. No cree ni piensa nada sobre el sufrimiento. Se comió su propia placenta porque es una Bos tarus. El toro ya está listo para la próxima montada con esa misma vaca o con otra. La vaca tiene hambre. Los humanos aún celebran. El ganado come pasto sin depender de Dios.

Homo sapiens

De qué otra forma podía estar María sino en cuatro patas. José percibe el olor que desprende su vagina mientras la embiste desde atrás. Ella está observando, con sus ojos de mujer, caída, la pared inmóvil de su habitación propia. Tiene ojeras y muchas lagañas. No sabe si los dedos sirven para quitarse las lagañas, nunca lo ha intentado. En ese momento, como en los últimos 10 años de su vida, mira su realidad a través de las secreciones pegostosas de sus ojos. La pared de su cuarto es fría y plana, pero sonríe recordando un paisaje que disfrutó cuando apenas era una niña. La naturaleza le dio el don de imaginar y ella lo usa. (Silencio.) Muy cerca, al otro lado de la cama, José mira a María sin contemplarla. El dueño de su capacidad de reproducción también tiene lagañas en los ojos. Alguna vez se las quitó y según dice no le sirvió para nada. Desde que se conocen así se han mirado el uno al otro: lagañosamente. El lecho nupcial nunca ha quedado húmedo después de una montada. María tampoco se ha mojado desde que está casada. (Silencio.) José sólo hace su labor, ella ya no sabe qué hace, pero allí sigue. Luego de 9 meses un nuevo ser humano llora. Al nacer otro de su especie lo recibió con una nalgada para darle la bienvenida. María y José, sus padres, lo hicieron nacer con mucho dolor. El sufrimiento une a la familia. (Más silencio.) María partió en cachitos su placenta, se comió un centímetro cada semana. "Ayuda a mantenerse fértil", le dijo su madre. Celebran. Cada dos años un nuevo nieto nace: bendiciones de Dios. José ya está listo para otra montada. Una mujer que no se llama María aún lo extraña. María vomita, no le gusta lo hinchado que le quedó el vientre. Todos son humanos. Los Homo sapiens no tienen depredadores.


Este cuento fue escrito especialmente para la "Antología mínima del orgasmo" de Ediciones Intempestivas, Monterrey, México, publicado en junio de 2009. En esta antología escriben 50 escritoras aparte de mí cada una desde su particular punto de vista y estilo literario. Gracias al esfuerzo de los editores Héctor Alvarado y a Livier Fernández Topete. Dejo aquí mi profundo agradecimiento por su invitación.

© Nadir Chacín, 2009.
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