24 de junio de 2007

Caridad



CARIDAD

Atendía cada parte de su cuerpo rascando primero a una uña, luego a dos hasta pellizcar y levantar parte de la piel para rascarse por dentro. Cada vez que le decía “eso no te luce amiga querida” más se esmeraba, casi al punto de desgarrarse la dermis como si fuera parte de un ritual. Sus uñas, a pesar del uso que les daba estaban limpias, y ya no podré explicar por qué.
Durante aquella cita en la Casa del Té, que terminaría siendo decisiva para mí, resolví observar a mi conocida por un rato sin pronunciar palabra. No es que me guste eso de tener muchas conocidas, pero es que amigas amigas la neta no existen.
Mientras hablaba con Ella no podía dejar de seguir notando las repeticiones de sus actos, en cada cita lo mismo, se rascaba y rascaba sin parar. Sus brazos eran calles llenas de hoyos en diferentes estados de deterioro y su cara pellizconeada tenía más un tono rojizo maltratado que color carne. Aquel día sus hombros se asomaban por los lados de su estrecha y supuestamente atractiva camiseta, seguían llenos de manchas y cicatrices irregulares, para colmo, esta vez traía un no se qué en la parte más cercana al cuello.
Mi conocida presumía de ser muy caritativa porque le gustaba compartir su rascadera con las personas que se dejaban, pero yo no: ¡qué asco! Ella, la rascayrasca, bien valdría la pena que se cortara los dedos, quizás eso le luciría más que andar en el rasguñe y rasguñe.
Decidí resolver su salvajismo ese mismo día o nunca; hacer bien al prójimo no le cae mal a nadie ni a mí. Yo pensando como ayudarla mientras Ella como siempre: rascayrasca.
La caridad es genuina sólo cuando se respetan las buenas maneras… algo que mantenga sus dedos ocupados… quizás…
Le dije:
-Qué tal si te pones a pegarle lentejuelas al traje de Lilu, total, ya casi se nos casa. Dicen que ya tiene casi todo listo, que será una boda a toooodo dar, pero lentejuelas, lentejuelas, no más no tiene.
Ella: rascayrasca
Luego de un silencio, respondió:
­-¿Se me ve mucho este barrito?- y se señaló la barbilla.
-No, la verdad está discreto en comparación con los demás- respondí sin perder de vista mi propósito: caridad, caridad, caridad…
raaaaascayrasca
-Ya sé, amiga linda, y si compro piedritas de amatista y hacemos collares ¿te late?
-Me puse la cremita de peróxido y nada que se desaparece.
rascayrasca
-¿Cómo ves lo de los collares?
-No puedo tengo el gimnasio y los masajes después del trabajo ¿a qué horas?, no, no, no puedo.
rascayrasca
-Pues, los fines de semana, ¿qué no?
-Los fines hago mis cosas.
Pensé: todas sus cosas deben ser variantes del raaaaascayrasca.
-Bueno, ¿qué onda con las lentejuelas, sí vas?
-La muy ingrata, ni me invitó a su boda, porque tendría que hacerlo.
rascayrasca
-Ayy no seas, claro, claro que te invitó, te estás mal viajando… si somos todas amiguísimas, eres como su hermana, darling… ¿y los collares entonces?
-Le dije que no podía y se molestó, en fin, tengo la fiesta del Bernard…este niño guapérrimo del otro día.
-Pero si Lilu es tu mejor amiga, ¿a poco se pelearon?…si le haces un collar se contenta, ya verás…
rascayrasca rascayrasca rascayrasca
-Cero que me importe, la neta…y los collares: equis.
rascayrasca
Recapacité: algunas nacemos con clase y otras no.
rascayrasca raaaaaaaascayrasca
El mesero se acercó y puso el azúcar sobre la mesa interrumpiendo nuestra conversación.
Después de unos minutos, Ella me dijo:
-Linda, te molesto con un canderel.
rascayrasca rascayrasca rascayrasca
-¿Te gusta el té verde que pedí para las dos?- añadió.
rascayrasca
Mientras le pasaba una bolsita, respondí:
-Claro, amiga, es buenísimo para la piel.

24 de junio del 2007
10:48 a.m.
PD. A veces escribo cosas sólo para divertirme, y este cuento me devolvió la sonrisa en cada letra!