24 de mayo de 2017

Saber

El deseo camina nervioso por la orilla. Se adentra al agua en franco galope, alocado y con rumbo. Dice que el centro del río es para correr.

~ nadirchacin.com

21 de mayo de 2017

Fin de mundo

Cuando este mundo se acabe hagamos un mundo semi-nuevo. Volvamos a ponerle una que otra tortura para no sentirnos fuera de ambiente. Tanta novedad puede resultar perjudicial.

Pido porque se nos permita matar a una que otra mujer. Sería una atrocidad que prohibieran esta práctica ancestral, honorable y que nos ha permitido conservar tantas tradiciones.

Atentamente,
Patriarcado


 © Texto: Nadir Chacín, México D.F., mayo 2011.
 © Foto: José Ángel González.

15 de marzo de 2017

8M


By nadirchacin.com
Sant Cugat del Vallès, 15 de marzo del 2017 
#VagaDeTotes #ParoInternacionalDeMujeres #WomensStrike #NosotrasParamos #Sororidad

La ciudad más segura del mundo

La Cristina mira desde afuera. Mira hacia dentro de. Mira a través de la ventana. Seguro está mirando lo que pasa en el pequeño, muy pequeño restaurante.
¿Y yo? Yo miro a la Cristina. La miro mirar.
Las mesas abarrotadas. Los clientes apilados tragan como si fuera quincena.
La Cristina mira. No es su culpa que las mujeres tengamos que mirarlo todo a toda hora. O sí.
La Cristina mira a la familia de seis personas que se sienta en una mesa de cuatro. Cuando algún miembro de la familia corta la carne, el familiar sentado a su lado tiene a juro que masticar. Contra su voluntad.
En estos lugares nadie es libre. Mucho menos para comer.
Seguro la Cristina está deseando locamente la chuleta ajena. O quizás la ensalada o el puré.
Pero la Cristina dirige su mirada hacia la barra del restaurante. Adonde se va la atención migra el deseo.
Seguro la Cristina envidia a la que sirve los tragos y tiene sonrisa de postal. Se mueve de un lado al otro de la barra como si estuviera bailando flamenco. Los ojos de la Cristina bailan con ella. ¿O por ella? Pronto deja de verla y empieza a observar a la mujer que atiende en la caja del restaurante.
Seguro la mujer de los dineros le quitó el marido a la Cristina. Por eso la mira así.
La Cristina mira otra vez a la familia comprimida de antes. La mira mientras la mujer camarera le recoge los platos.
Entonces seguro la del problema es la camarera, con su cara de buscapleitos.
La Cristina las está mirando a todas. La mujer de la barra, la mujer camarera y la mujer cajera.
Seguro la Cristina necesita un empleo.
Seguro yo también.



nadirchacin.com
Barcelona, 15 de marzo de 2013

5 de marzo de 2017

La vida y la muerte



El cambio sí existe

Casas enteras caben en un guacal. Bolsillos a mitad de cinturas flacas se alimentan con high tech robado. A SuJeTos, ahogados históricos, les urge respiración boca a boca. Llega al "rescate" un único héroe con mal aliento, pero llega. Y el resto del cambio... ¿Alguien quiere más?
Aquí estoy otra vez.
Hablando sola como las locas.

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23 de enero de 2017

21 de diciembre de 2016

Lecciones de la playa de Choroní

Para salir de una corriente que te impide llegar a la orilla tienes que nadar hacia mar adentro. Primero nada fuerte alejándote del remolino, bien lejos de la orilla, luego nada de forma paralela a la costa hasta que sientas el mar más tranquilo e intenta de nuevo nadar hacia la orilla. La vida funciona de la misma manera. Si te desesperas, te ahogas.

9 de diciembre de 2016

Seducción

8 am. Lleno el calentador de agua. Lo enciendo con mi dedo. Espero que hierva por dentro. Coloco el té negro en el infusor. Lo sumerjo. Dejo que se libere a su ritmo. Lo observo brotando, naciendo. Lo huelo. Lo sostengo en mi boca lentamente, sorbo a sorbo. Me gusta mucho. Lo bebo más rápido y me abrasa la lengua. Retomo los sorbos delicados, pacientes. Entra tan suave a mi cuerpo. Me calienta. Me puede.

26 de junio de 2016

Familia

 A Alicia Markowitz

Las familias son como las puertas. Se abren con un toque amable de la mano sobre la madera. Se pueden cerrar y abrir cuantas veces se necesite y a menudo aparecen donde creíamos que solo habían sólidas paredes. Pueden comunicar dos realidades diferentes en un abrir y cerrar de bisagras. En los días pacíficos podemos salir por ellas para ir al campo de flores mientras vuelan las golondrinas. En los días de guerra, en cambio, se baten haciendo sus auténticos crujidos y gritándonos "aquí estoy, crúzame". Y, la verdad, las puertas son para cruzarse.