21 de junio de 2015

absoluto o éramos peregrinos

salgo de clases. llevo esa sensación desértica incrustada en el centro del pecho.
camino de prisa por la rambla rumbo a la boca del metro. escucho historias de guerra reproduciéndose en mi cabeza
“me mintió”
“fui yo quien arregló la sala"
“lo odio”
soy una locomotora de vapor y cada vez sudo más. me cuesta respirar y mis pasos se ralentizan solos. mi atención está clavada en el poco aire que entra y sale de los bronquios. me siento dentro de la reposición de una película en blanco y negro.
“mira, hay un espacio abierto entre una toma de aire y la siguiente”
grita una voz que sale de algún rincón inexplorado de mi mente
me cuelo allí en ese espacio y ahora soy una llave firme que atraviesa todas las cerraduras. experimento. abro las ideas. la gente a mi  alrededor camina más lento o eso me parece. se ríen. hablan. compran cosas. comen helados. los observo y sé que no han notado mi presencia.
“todos creemos que hay tantos mundos como humanos"
justo a una cuadra del metro el vendedor ambulante lanza hacia arriba un juguete. hace ruido y se eleva en el aire mostrando su luz parpadeante.
“ahora está la luz. ahora no está"
sigo el juguete con la mirada y en el momento en que mis ojos de llave se topan con las nubes soy una herida profunda en el brazo de alguien más.
“no te estás volviendo loca”
respiro lo que escucho y de repente soy la especie humana.
“toda la familia”
sigo caminando por mi ruta y bajo despacio hacia el metro. respiro profundo otra vez.
pico el tíquet en la máquina.
me sonrío y soy un vagón que ya no necesita irse a ningún lado.