Instrucciones para el exceso de suspiros












A José


Después del viernes me quedé con una sobredosis de suspiros.

Quisiera poder regalártelos dentro de una caja: sacarlos de mí para que los tengas tú. Cuando quieras, la abres, los escuchas y sueñas que me tienes finalmente.

Te pienso a cada rato y me la paso suspira que suspira, yo solita. Ya no se puede vivir así; quizá me quede sin aire. Por precaución es mejor empaquetarlos y mandártelos rápido. Revisarás tu buzón y mantendrás esa parte de mí cerca de tu risa, de tu mirada. Así se sentirán en buena compañía.

Estoy en una parada de bus. Sigo con mi exceso de suspiros. Todos me miran porque salen de mi boca teñidos de rojo. Dicen que nunca habían visto semejante reacción química. Yo me pregunto qué pasaría si me vieran cuando te beso y me pongo piel roja, alma roja, corazón rojo, pelo rojo. Eso sí que los impresionaría.

Acabo de mandarte el envío, más veloz que yo nadie. Espero que lo abras. Tal vez se escuche el estruendo de mis suspiros hasta Caracas, o tal vez desencadene en ti algo maravilloso y te pase lo mismo: el exceso de suspiros.

Revisaré mi buzón y mantendré esa parte de ti cerca de mi risa, de mi mirada. Colocaré tus suspiros en mi boca y, cuando vuelva a suspirar demasiado y sienta la conocida sobredosis —ahora de suspiros que fueron tuyos—, espero que ya no queden cajas en esta ciudad ni más envíos y que podamos suspirar una frente a la otra.

Si te ocurre lo mismo —el exceso de suspiros—,
agarra una caja, empácalos y mándamelos rápido.

Te adoro —suspiro—.
Vaya cosa sobrenatural esta suspiradera.

Nadir Chacín

Ciudad de México, 5/12/2005

Pintura de nombre "Suspiro", Jennifer Balkan
www.jenniferbalkan.net


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