30 de junio de 2006

LA SONRISA DEL ARRIBA DE MI ARRIBA


¿Qué es lo que ha salido de mí esta vez, qué es lo que se queda, qué se está hinchando o muriendo, si es que ya no ha muerto? Me cuesta vivir sobre este nuevo cuello, es un cuello que no me sostiene, plástico, artificial, mullido con el confort moderno que quiere agradar pero arremete sin decencia. ¿De qué se tratan las acciones de este nuevo año de mí, de qué se quieren aprovechar de mí, salvar de mí, apartarme de mí?

Soy una sonrisa mórbida a lo alto de este cuello infértil, estoy allí como sostenida a medias como semi-muerta, será que ya me gasté, me reí demasiado, vi lenguas ajenas, calles nuevas, mostré los dientes a extraños y cuando me dije, ya es la hora de la carcajada, comencé a descontar mis piezas: pérdidas peri-mortem. Así estuve un rato como alicaída, sin razones, hasta que una sola acción (la desagradable) me rompió la cara, más abajo el cuello y la espalda, me rompió en la base que me sostiene, me dejó muriendo realmente y me busqué otro cuello, un nuevo cuello. ¿Para qué llegó? ¿Qué me delataba que cuando me reía en serio parecía de mentira?

Entonces allí, en ese espacio breve en que dudé, cayeron las comisuras a cada lado, se delató la herida, se vio la prótesis que articulaba mi existencia, me deshice y devine en falsedad y así se reiteraron la desgracia, los accidentes y la melancolía (me le antojé al fantoche, apareció el arlequín que nunca divierte a la reina).

(Sigo en esta silla sin respaldar, ¿no notan que las sonrisas en cuellos falsos lo necesitan: "respaldar"? No es cosa fácil saberse en cuerpo herido, inestable, vulnerable. Todas las personas se mueven amenazantes, los objetos parecen en posición de ataque).

En este nuevo cuello, me desgasto desde lo alto. Quizás cuando me lo quiten me caigo hacia un lado, hacia el hombro derecho, hacia el izquierdo, adelante, atrás, sin desprenderme del todo como una fruta que se abraza al árbol esperando la piel roja que antecede a la caída. Quizás cuando se vaya este cuello, me lo quite, me sostengo alegre de nuevo por un rato, recupero los dientes en un nuevo cuello, su destello, para que en un segundo, otro segundo, sobrevenga otro aviso de muerte o casi muerte. Quizás recupero lo que nunca he tenido un cuerpo firme, con soltura, seguro, uno que me muestre orgulloso a lo alto, en el arriba del arriba de sus demás partes.

Sigo en este nuevo cuello, lo habito y él a mí, sólo me detuve, morí de nuevo una vez más, pronto se irá y ya veré si mi nuevo cuello, el que sigue al nuevo cuello y al de antes de él, es el cuello: EL CUELLO CON MAYÚSCULAS.

El que siempre deseo que llegue (para eso no hay nota de anticipación, sólo se tiene, llega, cuando se construye).

Aeropuerto de Düsseldorf, Alemania
27/01/06 4:45 p.m.