1 de octubre de 2006

Las historias de Chimal

En la página http://www.lashistorias.com.mx encontrarán el concurso que hace mi profesor Alberto Chimal sobre minificciones. Todos los meses coloca una foto para que el participante cree una historia sobre ella y luego se someten todas a concurso. Les coloco acá mis participaciones (cuatro cuentitos), pero igual los remito a la página de mi maestro por si quieren leer las historias de los demás que vayan concursando.
Salu2



MI UNICA MANO
Mis manos eran incomparables, podría decirse que pertenecían a dos personas diferentes. La izquierda pronto se cansó, cedió, temía jalarte y jalarte sin ningún éxito hasta que se rindió. No hizo más nada, simplemente accedió a perderte irremediablemente. La derecha, en cambio, urdió el plan, consiguió los hilos y las agarraderas, los entrelazó formando la herramienta que te detendría, ya no podrías irte de mi, alejarte. Al principio sólo conseguía inmovilizarte, ese era el propósito, pero en la práctica encontró más formas de tenerte, una de ellas muyyyyy efectiva desde su creación. Movía los hilos y tú te movías con ellos, te hacía bailar, comer, caminar, eso la divertía. Una ocasión, la más importante de todas, logró que te golpearas con tus propias manos y se esmeró, practicó y practicó, y te golpeabas y te golpeabas hasta que se volvió una maestra en el arte de los hilos y tus autogolpes. No te has ido de mi lado y ya no te irás: un hombre desconfiado de sí mismo es más útil como pareja. Confieso que mi mano derecha llegó a gustarme tanto que me amputé la izquierda.
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MODERNIDAD

Nuestras manos ya no son suficientes, la revolución industrial nos dejó mal acostumbrados.

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EL RECLAMO

Oye Gulliver… nuestras únicas dos hamacas por favor… ¡para qué te las llevaste! Dejarnos solamente las cuerdas…¡Vaya plan! Te mandaremos ya mero a nuestros cuates de Brobdingnag.

Firman
Los habitantes de Lilliput
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JUSTIFICACIÓN ORACULAR

La tarotista me dijo que la imagen original de la carta mostraba una mujer domando a un león, su significado: someter al bestialismo interno, en otras palabras, doblarle las rodillas a las bajas pasiones que ciegan la razón. Me pregunto si la nueva herramienta que inventé servirá para dejar de desearte, reprimir mis ganas de besar los más oscuros rincones de tu cuerpo. Con el artefacto en mi mano derecha sujeté mi deseo con dos cables de metal, tiré de las agarraderas, lo mantuve un momento casi cohibido, pero a pesar de mi invento la bestia no se contuvo. Amagó su retroceso seguido de unos fuertes tirones, finalmente se soltó y yo tuve que buscarte, acorralarte contra la pared y hacer que te desvistieras. Te salté encima, bien podría decirse que parecía un felino atacando a su presa. Una vez consumido el acto volví con la tarotista para reclamarle mi dinero, sin lugar a dudas, era una charlatana.