La familia


a José Eduardo Tappan Merino




Antes del antes en esta comarca todos sabían lo de todos. La sabiduría y las tradiciones se compartían, pero un buen día los productos de las siembras comenzaron a escasear y nuestros niños morían de hambre.

Ramai no sabía si su cuerpo era fértil, por eso decidió mantener su secreto. La preparación fue larga. Tenía que estar lista para su propia siembra.
Dicen que durante siglos que pasaron en breves días se hizo profundas hendiduras en todo el cuerpo.
Se las había abierto a sí misma con un arado pequeño.
Cuando por fin comenzó a echarse semillas en los surcos y su felicidad crecía porque podría ayudar a su pueblo llegó un inesperado torrencial rojo.
Sólo llovía adentro de su casa.
Debió ver cómo se anegaban sus surcos a medida que el rojo lo inundaba todo y al principio seguro le pareció inofensivo.
Al cabo de un tiempo, no se sabe cuánto, ya llovía en el valle completo.
Ramai salió nadando afuera de su casa, chapoteaba con todas sus ganas sin saber para qué.
Chapoteó y chapoteó hasta el cansancio y sumergida en aquel líquido rojo contempló las últimas burbujas que salieron de su boca.
Nada más pensó.
Murió sin saber lo que había hecho.
Nuestros abuelos observaron cómo se ahogaba desde la montaña donde se refugiaron cuando empezó a llover rojo.
No esperaban verlas, pero allí estaban, millones de semillas flotando como heroínas rodeando su cuerpo muerto.
Mientras contemplaban aquella mancha dispersándose por el valle, cuestionaron las intenciones ocultas de Ramai y su egoísmo.
Pasaron dos años y un poco más.
En absolutamente todos los cultivos de la comarca crecieron unas plantas desconocidas hasta el momento.
Son estas hortalizas rojas que siempre comemos, muy nutritivas y de rápido crecimiento.
Generaciones enteras se han alimentado con ellas y el hambre ya ni se recuerda.
Por eso cada dos años todas las mujeres nos ponemos vestidos rojos durante 28 días y luego a la primera niña que nace le ponemos su nombre.

Ayer en una mesa de la comarca agradecíamos los alimentos a Ramai y mi nieta más pequeña me preguntó:
- ¿Abuela, por qué esa mujer se llama como yo?




Nadir Chacín
CdMx, México, 16/03/2007

Comentarios

  1. Halo!
    Bello, bello y bello. Muchas gracias.
    Muy buen trabajo. Gracias por hacerlo

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  2. Gracias por tu comentario, David.
    Es hermoso que te guste lo que escribo.
    Saludos de México hasta Portugal.

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