Facturas






Palabras petulantes de agria presencia,
del pasar mutante de tu amor.
Se quedaron prendadas las ilusiones.
Vestiste de noche a la vida,
noche de exilio y penuria.

Las pasiones enjauladas,
su verdugo la miseria,
esperan con resignación la muerte.

En el cofre que es tu alma
se escondieron los recuerdos:
días de júbilo,
de sudor y sábanas,
de flores sin pétalos,
espiando desde la esquina de tu ojo derecho.

Una lágrima asomada
visitaba tu mirada.
La saludé con un beso húmedo.

Es tu amor—
tan singular como un lunar,
tan inoportuno como la luna llena en noches estrelladas,
irónico como un ramo de rosas muertas,
terco como la marea dice la arena,
como un suspiro imprudente.

Es tu rabia—
huracán abatido,
vendaval que arrastra tus pisadas
a caminos sin nombre.

Perchero donde se cuelgan frustraciones,
donde se enterraron las noches de botella en mano,
noches siniestras de humo y rocola,
caras extrañas,
sonrisas de telenovela.

Es tu añoranza—
de alfombras sacudidas,
de momentos pegajosos,
de neblinas persecutorias,
de rituales.

Es tu verbo—
engañoso e injusto,
mentira piadosa,
pozo sin fondo,
agua estancada,
nauseabunda y maloliente,
metáfora de ti mismo.

Símil de un accidente
en el que te perdiste.
Pedazos de mejillas sonrojadas
guardadas en un sobre.
Buscando más vergüenzas,
descubriendo motivos en lugares vacíos.

Es tu sepultura—
fingir que te has perdido,
que ya no hay mariposas en el estómago,
ni temblores en las manos.

El caparazón donde te abandonaste.
Hijo de nadie.
Perdiste la esencia, regalaste la moral.

El maldito día que escogiste para no sentir.
El maldito día de tu muerte.
Un anónimo.

No sentir es como haber muerto.

Descansa en paz.


-

Nadir Chacín
Caracas, agosto del 2000

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