16 de marzo de 2007

La leyenda, nuestra hija, la de nosotros






RAMAI
A José



Antes… en esta comarca todos sabían lo de todos, la sabiduría y las tradiciones se compartían… pero un buen día los productos de las siembras comenzaron a escasear y nuestros niños morían de hambre…

…no sabía si su cuerpo era fértil, por eso decidió mantener su secreto. La preparación fue importante, tenía que estar lista para su propia siembra. Dicen que por años se hizo profundas hendiduras en todo su cuerpo, se las había abierto a si misma con un arado pequeño. Cuando por fin comenzó a echarse semillas en los surcos y su felicidad crecía porque podría ayudar a su pueblo, llegó un inesperado torrencial rojo que sólo caía dentro de la casa de Ramai. Ella debió ver como se anegaban sus surcos a medida que el rojo inundaba su casa, al principio seguro le pareció inofensivo...


...Al cabo de un tiempo, no se sabe cuánto, ya llovía en el valle completo y Ramai salió nadando fuera de su casa, chapoteaba con todas sus ganas sin saber para qué le pasaba todo eso. Chapoteó y chapoteó como sólo hace una gran mujer. Cansada y sumergida en aquel líquido rojo contempló las últimas burbujas que salieron de su boca. Nada más pensó y murió sin saber lo que había hecho por nosotros...


...Nuestros abuelos observaron como se ahogaba desde la montaña donde se refugiaron cuando empezó a llover rojo. Lógicamente no esperaban verlas, pero allí estaban, millones de semillas nadando como heroínas justo al lado del cuerpo muerto. Mientras contemplaban aquella mancha dispersándose por el valle, cuestionaron las intenciones individualistas y ocultas de Ramai…

...Pasaron dos años y en todos los cultivos de la comarca crecieron unas plantas desconocidas hasta el momento. Son estas hortalizas rojas que siempre comemos, muy nutritivas y de rápido crecimiento. Generaciones enteras de nosotros se han alimentado con ellas y el hambre ya ni se recuerda...


...en su honor cada dos años todas las mujeres se ponen sus vestidos rojos durante 28 días... y luego a la primera niña que nace se le pone su nombre.

En una mesa de la comarca se agradecían los alimentos a Ramai y la niña más pequeña preguntaba: ¿Abu, quién era ella y... por qué se llama como yo?