20 de abril de 2008

Estar en las nubes


Él llegó con los mortales sin algunas costillas y con unas vértebras que poco a poco empezaron a torcerse.
Los galenos le dijeron que a su cuerpo le urgía un fierro recto que enderezara su columna. Ellos lo dicen en un idioma complicado, pero la verdad es que se había caído del cielo igual que yo.
Lo operaron para colocarle un dispositivo donde engranar sus nuevas alas.
El tiempo se encargó de integrar alma y metal.
Está listo para partir, yo también. Todo está preparado.
Iremos a casa en nuestro próximo encuentro.