23 de agosto de 2010

Té Chai, por favor



Hoy es domingo. Desayunamos en casa, huevos con jamón y jugo de naranja. Luego fuimos al parque México. Siempre escasean las mesas en el café Toscana. Nos sentamos en la que está cerca de los baños. Paco reniega, quiere la terraza como de costumbre. Me siento y cuelgo mi bolsa en el respaldar de la silla. Él la quita rápidamente y la engarza en un gancho bajo la mesa, Mejor aquí a salvo de rateros, dice. El mesero al fin llega, le toma la orden y se va. Pidió mi té chai y su café cortado. Se para, camina a la barra, agarra el periódico y regresa a la mesa.
Lo miro. Paco pasa con calma las páginas de La Jornada. Se entretiene más en las noticias sobre política. Creo que es poco té para lo que cuesta cada taza, mas no digo nada. Paco me respondería Aquí el periódico es gratis. Llega nuestro mesero. Muero por probar mi chai. Me acerco la taza a la boca.
–Está demasiado caliente– le digo a Paco.
–Menéalo– responde sin mirarme.
–Me aburro esperando.
–¿Y qué quieres que haga?– pregunta sin despegar los ojos del periódico.
–¿Aburrirte conmigo?
–No me distraigas, Elena. Déjame leer.
Le doy vueltas al chai con una cucharita. Fabrico cada vez olas más grandes. Luego pongo la cucharita sobre una servilleta. Persiste la espuma. Es más fuerte, va apropiándose de la servilleta, de su pasivo blanco. Son los efectos del tsunami. Destruye lo mediocre. Crea mundos libres. De pronto me siento demasiado feliz. Los demás tienen razón: una servilleta sucia ya no sirve.
–Es tan amable de llevarse eso– le pido al mesero.
–¿Y ahora qué hiciste?– dice Paco.
–Nada. Todo igual.
Paco continúa leyendo. Una niña pide dinero entre las mesas. La miro con detalle. Hay que hacer tiempo mientras mi chai se enfría un poco. No me gusta el chai taaan caliente, sólo caliente, no pido mucho. Nunca lo hago. Escucho a la niña. Repite mensajes programados cual máquina. Llega a nuestra mesa. Coloca encima su cajita de chicles. Antes de que yo pueda hablar con ella, y que Paco me regañe, el mesero la espanta. Ssshu ssshu. Hace rato hizo lo mismo con un perro. Molestan a los clientes, se explicó.
–Uhmmm, niñas Perro– dije quedito.
–Acá dice que antier mataron a un tipo en el café de enfrente. ¿Tú crees? – alzó la voz Paco.
–Que tal que los sicarios regresan– respondí.
–Estaba el tipo sentado con sus guaruras, se bajaron tres güeyes de una camioneta negra y que le dan de balazos en plena terraza.
–Y si ahora llegan aquí y ajustician a alguien– le digo a Paco mientras veo con horror la nueva servilleta limpia que recién trajo el mesero.
–No inventes…
–¿Me ajustician a mí, por ejemplo? ¿No te gustaría, Paco? Ver cómo matan a alguien que se lo merece.
–Ya deja de decir babosadas, no ves que este gobierno está de mal en peor.
–Ya era hora– digo con tono alegre.
–¿Hora de qué?
– Mi chai ya está en su punto.
Paco habla y habla. Cantaleta murmullo. Acaba con los narcos, con la Derecha y arregla la crisis económica sin moverse de esta mesa. Ahora hojea las últimas páginas del periódico. Se acorta mi tiempo. Hace silencio y yo vuelvo a mi chai. Tomo el primer sorbo. El primero es el mejor, aunque queme. Me fijo en las otras mesas. No hay duda, las mujeres sólo bebemos té chai. Me aferro. ¿Para qué variarle? La monotonía da seguridad. Todas lo hacemos. Miro a Paco de reojo, sigue leyendo. Nada. Aunque pasen los años nada cambia.
Ningún otro té es superior. Más sorbos de chai. Chin, esto cada vez está más frío. La verdad a mí me gusta el té caliente, no hirviendo, sino caliente. Pero cuando algo alcanza la temperatura ideal, un segundo después, ya está frío. Siempre pasa así. Lo quieres caliente y ¿qué sucede? o te lo dan hirviendo y te aburres de esperar o acaba estando frío sin que puedas hacer nada. A veces te pasan las dos cosas, una tras la otra. Maldito karma. Ya para, Elena, me digo a mí misma. El té chai es lo único que necesitas.
Imagino que mi chai está como yo lo quiero. La realidad es una ilusión. Bebo otro sorbo y el té inicia su acto de entrega. Es exclusivamente mío. Cuanto más perfecto lo imagino más perfecto es. Mi fiel chai.
–Qué buen artículo sobre la reforma petrolera. No deja títere con cabeza– murmura Paco.
–Ajá– susurro al instante.
Sigo bebiendo y ya casi puedo ver el fondo de la taza. Levanto la mirada. Inspiro profundo antes de mi penúltimo sorbo revolución.
–Quiero otro café– dice Paco, esta vez mirándome a los ojos.
Lo miro también. Nada pasa. Él sigue leyendo. Yo en lo mío: el último sorbo. El chai salva. Las cosas están mejor. Todo está bien, me digo.
Le toco fuerte el brazo a Paco llamando su atención.
–Nuestras cosas van muy bien, ¿verdad?, al menos van– le digo esperando que reconfirme lo que ya sé.
–Ashhh, todo tengo que hacerlo yo, Elena, ¿y mi café?

"Té chai, por favor", en Revista Shandy, número 7, agosto 2010. Editada en Tijuana, México. Hago público mi agradecimiento a Franco Félix por la publicación de mi cuento. Entra a este enlace y lee la edición digital, págs. 36 y 37. Esta revista se encuentra en venta. La edición impresa está de lujo. Blog de la Revista Shandy


Revista Shandy es una publicación trimestral de literatura contemporánea. Fue fundada en mayo de 2008. Actualmente cuenta con la beca del Programa "Edmundo Valadés" de Apoyo a las Revistas Independientes, 2009-2010. Se trata de una revista que busca generar un diálogo entre el lector y la literatura contemporánea. Sus secciones presentan las novedades editoriales y ensayos de reflexión literaria. Sus colaboradores son de talla local e internacional.

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