2 de julio de 2006

LA TRADICIÓN


Isabel acababa de llegar a la casa de María cuando la observó corriendo hacia el patio trasero. Alcanzó a distinguir que una de sus mejillas estaba roja y malherida. Allí se quedó parada frente a José que yacía como si nada frente a su mesa de carpintería. Isabel llamó la atención de José diciéndole con voz suave y como si ya conociera del tema:
–No seas malito, cuando le pegues a María, pégale una cachetada en una mejilla y luego pégale una más fuerte en la otra mejilla. Así cuando todo haya pasado, yo podré decirle algo que la consuele.
–¿Qué le dirás? –preguntó José entre molesto y curioso.
Isabel hizo una pausa y añadió con tono compasivo:
–Le diré... Manita, ¡qué buena onda que no somos ateas, si no...!

9 de junio del 2005