1 de noviembre de 2006

Pleonasmo suicida

Se trataba de una noche de curación en que pretendía curarse, el cura-lo-todo lo miraba y él lo hacía de regreso con sus propios ojos. Eran unos ojos de suicida que veían su propia muerte en los ojos del otro, la muerte que sus propios ojos deseaban en su deseo más profundo. Si él tuviera las manos blancas, si tuviera en los labios las palabras correctas, si fuera mujer, sí, sí sí…le decía rumiando como vaca, su cerebro de bovino rumiante. El cura-lo-todo puso sus manos sobre ese cuerpo moribundo al que le traería la suerte, mientras su paciente de ojo trastornado veía en sus uñas, miles de pezuñas hirientes. Últimamente todo era una película barata, su vida era aquel pedazo de fierro que se le clavaría metálico en el pecho, aquella pastilla somnífera que le traería el sueño definitivo, la soga en la viga que no se rompería con su peso que no es el peso de una soga: el ratón-mascota muriendo en su caja como un presagio de muerte. Eso explicaría después a sus dolientes familiares su dolor herido, el por qué del adiós del suicida sin carta de despedida.

3 dic 2005
No merece foto porque ese tampoco